Hacé todas las pavadas creas convenientes. Reíte de vos y con vos. Sorprendete como un niño cuando algo bueno pasa. Horrorizate como un anciano ante una injusticia. Discutí y peleá como un adolescente caprichoso por lo que querés. Defendete como un león y disfrutá de lo que amás con pasión sin restricciones, sin censura. Preocupate por ser feliz, para que puedas hacer feliz a alguien más. Pero sobre todo, séLIBRE~
Por algún motivo este hombre apareció en mi libro. Y bueno, encontré esto que forma parte de 'Fragmentos del discurso amoroso'
El ser amado es reconocido por el sujeto amoroso como "átopos", es decir como inclasificable, de una originalidad imprevisible. Es átopos el otro que amo y que me fascina. No puedo clasificarlo puesto que es precisamente el Único, la Imagen singular que ha venido milagrosamente a responder a la especificidad de mi deseo. Es la figura de mi verdad. Frente a la originalidad brillante del otro no me siento jamás átopos, sino mas bien clasificado (como un expediente conocido). A veces, sin embargo, llego a suspender el juego de la imágenes desiguales ("¡Que no pueda yo ser tan original, tan fuerte como el otro!"); intuyo que el verdadero lugar de la originalidad no es ni el otro ni yo, sino nuestra propia relación. Es la originaliad de la relación lo que es preciso reconquistar. La mayor parte de las heridas provienen del estereotipo: estoy obligado a hacerme el enamorado, como todo el mundo: a estar celoso, abandonado, frustrado, como todo el mundo. Pero cuando la relación es original, el estereotipo es conmovido, rebasado, eliminado, y los celos, por ejemplo, no tienen ya espacio en esa relación sin lugar, sin topos, sin "plano" -sin discurso.
Gioconda Belli y este tipo serían la pareja perfeta.