jueves, 26 de febrero de 2015

Reflexiones antes de ser desaprovada.


Una de las estupideces más grandes que he escuchado es que la estúpida era yo.
Divertidisímo. Hasta el día de hoy me sigue causando gracia.
¿Cómo hay quien tiene la capacidad de hacer tal afirmación? 
Yo no doy por sentado que estúpido es el otro. Eso sería estúpido de mi parte.
Y no me creo tan estúpida como para elaborar esa estupidez.
Pero ahí va el encanto del estúpido: no saberse estúpido. 
Estúpido/a: Necio, falto de inteligencia. La RAE, afirmando estupideces.
Si ser ignorante es lo mismo que falto de inteligencia, soy una estúpida.
Yo ignoro, muchísimo, pero la inteligencia es algo mucho más genial que saber un par de datos curiosos. Lo que a veces me preocupa son los motivos que me llevan a ignorar.
Ignoro, en la mayoría de los casos por falta de atracción hacia ese conocimiento nuevo, expuesto, listo para ser digerido por cualquiera que sepa leer. No me atrae saber eso masticado, baboseado, escupido y depositado en mi boca con el mismo objetivo que tuvo el "no-ignorante" anterior.
Lo que no ignoro, en cambio, es placer. Lo que elijo saber, es placer.
Lo que me atrae, me seduce, no se deja masticar y escupir, es algo que siempre, sin lugar a dudas me va a dejar estúpida, ignorante, falta de inteligencia, porque siempre tiene más para ofrecer, porque es infinito, nunca voy a poder jactarme de que lo conozco, de que lo mastico, lo SÉ. El resto de las cosas, las que uno sabe por el sólo hecho de ser, son las que permiten poder elegir qué saber y qué ignorar de ahora de más. 
Y aprovecharlo, no es precisamente de estúpido. 

viernes, 13 de febrero de 2015