Pintarme las uñas.
Es inexplicable la bronca que me genera.
No me pinto las uñas. Me pinto toda la
falange distal de toos y cada uno de mis dedos.
Las pocas veces que he logrado que queden lisas
y brillosas, las arruino haciendo cosas a continuación
tales como lavar los platos, bañarme, vestirme,
atarme los cordones, entre otras.