jueves, 4 de junio de 2009




Los cristales pueden quebrarse.

A veces, basta un leve golpe de abanico.
Las telas suelen desagarrase al contacto con una diminuta astilla.
Se rasgan los papeles,
Se rompen los plásticos,
Se rajan las maderas...
Hasta las paredes se agrietan, tan fiermes y sólidas como parecen.
¿Y nosotros?
Ah.. Nosotros tampòco somos irrompibles.

¡CUIDADO! ¡FRÁGIL!
Nuestro corazón se daña muy facilmente.
Cuando oye un "no" redondo o un "sí" desganado.
Cuando encuentra candados donde debería encontrar puertas abiertas.
Cuando es una rueda que gira solitaria día tras día, noche más noche.
Entonces, siente tirones de arriba, por delante, desde abajo, por detrás...
¿Se arruga?
¿Se encoge?
¿Se estira?

NO.
Late lastimado.

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